Lunes, 02 Octubre 2017 01:55

Viajes, naturaleza y amigos

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“El sol ya prácticamente se estaba metiendo, cuando por fin alcanzamos a los Flamencos”. “El sol ya prácticamente se estaba metiendo, cuando por fin alcanzamos a los Flamencos”.

RECORRIDOS. Para recorrer destinofocal.com. Marcos y Andrés, dueños del sitio y fotógrados, afirman que “lLas personas que vamos conociendo, sus historias, y por supuesto el contacto con la naturaleza y el poder fotografiarla es la esencia de todo esto”.

 

“Varias personas nos habían comentado de la Laguna Añapiré, cerca de la comuna de Campo Andino, en la provincia de Santa Fe.  A esta Laguna vienen durante el invierno muchos flamencos australes, que emigran de su hábitat natural, por las sequías o las bajas temperaturas que dificultan su alimentación. Lo invitamos a Santiago Gómez y además este viaje nos acompañó Lauti, el hijo menor de Marcos, que empieza a hacer sus primeras experiencias en estas salidas. Si bien queda a 85 kilómetros” de Paraná, el viaje se hace de dos horas de duración, una porque hay que cruzar toda la ciudad de Santa Fe y otra porque hay un buen trecho de tierra y los días previos que fuimos nosotros había llovido bastante, lo cual hizo que sea complicado pasar en algunas partes. Para quien vaya a este lugar recomiendo ir por Laguna Paiva, que tiene un camino mejorado de ripio y no por la comuna de Arroyo Aguiar, que es por donde el Google Maps te indica.

De viaje, dejando atrás el asfalto para tomar un camino vecinal, vimos varias aves rapaces al costado del mismo. Antes de ingresar a Campo Andino, nos frenó la policía, quienes amablemente nos tomaron los datos y nos indicaron por dónde ir. Nos comentaron que hacen un control de quienes ingresan, ya que cada tanto han tenido problemas con algunos visitantes que van a cazar y en vista de que existe el proyecto de hacer Reserva Natural a la zona, evitan esas personas.

Enseguida llegamos a la Laguna, pero se veían muy lejos los flamencos. Habíamos visto por el Google Maps, que había otros caminos que tenían acceso a la Laguna, intentamos seguir un poco más para ver si los encontrábamos. Más adelante en un pequeño espejo de agua, se veían unos Teros Reales y lo más divertido estaba por venir…

El camino en varios lugares estaba anegado, mucha agua y barro, con huellas profundas, pero que la Hondita pasaba bien. Ibamos buscando otro ingreso cuando vimos que el paso estaba cerrado. Unos changos que iban a pescar se habían quedado empantanados con su auto. Por suerte tenían unas sogas y tirándolos pudimos sacarlos bien.

Luego de realizada la buena acción del día les preguntamos a los muchachos si sabían de otra forma de acceder a la Laguna y nos dijeron que no había, que eran todos campos privados. Pegamos la vuelta y nos volvimos, sabiendo que hoy nos tocaba ayudar y otro día nos podía tocar ser los ayudados… iba a ser más rápido de lo que pensaba. En uno de los lugares donde estaba complicado el acceso y por donde ya habíamos pasado, le erré a la huella y nos caímos en otra que estaba muy profunda,  quedamos colgados y con dos ruedas sin tracción e incluso entró un poco de agua dentro de la cabina. Por suerte venían dos “héroes anónimos” cerca. Dos gauchos de la zona a caballo fueron quienes nos cincharon, junto con la ayuda de los muchachos que antes ayudamos nosotros y salimos rápido por suerte.

Estaba cayendo el sol y finalmente volvimos a la Laguna, donde habíamos pasado quizás hacía una hora. La laguna Añapiré queda a ambos lados del camino, pero en campos privados, uno de los cuales nos dieron permiso de ingresar pero nos advirtieron que el piso era muy pantanoso, difícil de caminar, lo cual rápidamente corroboramos.  Mientras nos calzábamos las botas y nos preparábamos para meternos, un grupo de flamencos cruzó el camino hasta el otro lado de la Laguna.

Con Santiago enseguida nos metimos al campo en cambio Marcos y Lauti tuvieron que ir buscando donde podían pasar. Todo estaba inundado, las botas de goma hacían ventosa en el fondo y caminar era realmente complicado.  Los flamencos habrán estado a 800 metros quizás desde donde estacionamos la camioneta. Habíamos hecho el viaje solo por ellos, asique no íbamos a volver sin tener al menos una foto.

El sol ya prácticamente se estaba metiendo, cuando por fin alcanzamos a los Flamencos. Estos bichos no tienen ningún tipo de defensa, por lo cual siempre están atentos y son muy ariscos, cuando alguno de ellos advierte algo, levanta su cabeza y pone en aviso al resto hasta que levantaron vuelo. No nos dieron muchas oportunidades de fotos como queríamos, pero aceptables al fin.  Es realmente majestuoso el espectáculo que dan al tomar vuelo, donde algunos enfilan hacia un lado y otros en la dirección contraria para luego reordenarse en bandadas al vuelo

Así terminó este accidentado viaje, que fue distinto, más aventurado, seguramente volvamos para poder lograr mejores fotos y no quedar empantanados como esta vez”.

Fuente: destinofocal.com

Marcos Bernareggi uno de los aventureros, junto a Lauti. 

“Todo estaba inundado, las botas de goma hacían ventosa en el fondo y caminar era realmente complicado”. 

El camino para llegar se mostró complicado. 

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ABZ

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