Lunes, 11 Septiembre 2017 00:32

Pablo Millán, 30 años de risas y glamour

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La elección de mi trabajo y mi sexualidad no fueron un problema para mi seno familiar. La elección de mi trabajo y mi sexualidad no fueron un problema para mi seno familiar.

PERSONAJES. Entre el humor y la pasión. El pasado 8 de septiembre en el teatro 3 de Febrero festejó sus 30 años en el humor. Acompañado por grandes artistas invitados, fue un show a pura risa, stand up, musicales, sketchs. En esta nota conocemos más sobre este gran transformista, referente del humor de la región.

 

Mediodía soleado y caluroso en la ciudad. Llegué ansiosa a esta entrevista que me dejó mucho más de lo imaginado, allí Pablo nos esperaba con la misma sonrisa que lo caracteriza hace 30 años.

Nos sentamos en el  living iluminado, no solo por el brillo de  su vestuario, sino por el hermoso sol que entraba por la ventana, mientras escuchábamos el ladrido de su fiel compañero que esperaba ansioso salir a saludar. Pablo Millán es sin duda uno de los actores transformistas más destacados del Litoral.  Nació en  Rosario un 5 de febrero, santafesino por nacimiento, paranaense por adopción, nos cuenta cómo llegó a nuestra ciudad.  “Hace 15 años me pasé a Paraná, primero por una cuestión económica que estábamos viviendo todos, de los federales, y segundo porque estaba en pareja con una persona de acá y, entonces fue por una cuestión de necesidad tanto económica como afectiva y la verdad que nunca más me fui”.

 

EL TRANSFORMISMO. Pablo nos cuenta que su niñez y adolescencia la vivió rodeado de mujeres, ayudando a su mamá en el Instituto Escuela de Belleza Integral, donde daban clases de peluquería. Durante muchos años, trabajó como peluquero y actor.

Con la  mirada sobre el techo, como recordando viejos momentos, nos habló sobre su amor por esta profesión:  “Empecé a los 13 años, en un teatro taller con Sergio Cangiano, que es un actor y director de la ciudad de Santa Fe, maravilloso, que cada vez que lo veo a él es como ver a Dios, porque él me enseñó este camino. Hice comedias, siempre mis aportes fueron desde el humor, también hice drama, pero lo mío siempre fue la comedia”. Realiza una pausa, como tratando de no emocionarse al hablar de sus comienzos, luego de unos segundo nuestra charla continuó: “A los 17 años en una obra que realicé, y actué, me hace el vestuario Osvaldo Petinari, que era un actor transformista, de la ciudad de Santa Fé, recién se sabía lo que era el transformismo, y él me llama primero como vestidor, para que arranque como vestidor de transformistas, y luego para hacer una obra. La empiezo a ensayar y por incompatibilidad de caracteres nunca estrené. Me fui, tiempito antes del estreno. Siempre quedó como una asignatura pendiente”.

Tiempo después, con el objetivo de recaudar fondos para financiar una obra infantil, le surge la posibilidad de hacer un Café Concert como transformista: “Me empezó a ir bien, lo fui descubriendo, lo fui armando, fui armando mi estilo con prueba y error, con ir y venir, con hacer personajes y deshacerlos, así fui armando lo que después fue Pablo Millán como transformista. Muchas veces copiando las referencias que tenía. Para mí primero Osvaldo Petinari era  un genio, después me comuniqué y laburé con Pablo Rey, y ahí empecé a darme cuenta que no era el único loco que había bajado de Saturno, sino que había un montón de artistas que se dedicaban a esto, que era ser transformista, que era transformarse en un personaje de mujer para hacer reír al público”.

Los minutos pasaban casi sin darme cuenta, el olor a comida recién preparada llegaba desde una casa vecina. En este recorrido por su historia Pablo nos cuenta cómo reaccionó su familia ante esta decisión sobre su profesión: “La elección de mi trabajo y mi sexualidad no fueron un problema para mi seno familiar, donde tuve una aceptación enorme de mi mamá y de mi hermano José, que me acompañaron siempre. Mi mamá, cuando yo empecé en este Café Concert, que era para recaudar fondos, que al final terminó siendo mi pan de cada día y mi estilo de vida, me regaló mis primeros zapatos de taco, y yo tuve la total y absoluta compañía de ella, y de mi hermano. Mi familia lo fue todo para mí”.

 

SUS CREACIONES. Más allá de los despampanantes vestuarios y las grandes coreografías que ya se han convertido en su sello, Pablo Millán se convirtió en el ídolo de muchas mujeres.

Mostrándome sus trajes todos bordados por él, me habla orgulloso de como arma sus actuaciones: “Yo siempre elijo personajes glamorosos, pero que tengan que ver con el glamour de la mujer. A mí me gusta que la mujer se sienta como reflejada. Lo más grande que me dió mi profesión es que una mujer reivindique su imagen a partir de mi personaje, si esto lo consigo esta logrado el objetivo”. 

 

PERSONA Y PERSONAJE. La conversación cada vez se ponía más interesante, conocí un artista con una sensibilidad y una sencillez absoluta. Un Pablo Millán que tiene mucho dentro de su corazón, tanto alegrías como tristezas. Y justamente en este momento de reflexión sobre su persona, me cuenta que tienen sus creaciones, en relación a su vida cotidiana, “la única diferencia es que yo no soy una mujer, pero sí cuando me transformo y cuando hago mi trabajo, cuando me pongo mi overol. La diferencia entre una chica trans y yo es que la chica lo decidió hacer para su vida, yo me siento una mujer solamente en mi trabajo, porque es tal mi convicción de actor para transformarme en ese personaje, que cuando yo me visto de mujer no hay mujer más linda que yo. Pero tiene que ver con mi convicción de actor y con mi convicción de personaje, de respeto y de entrega hacia mi trabajo, porque soy obsesivo en mi trabajo. Lo que sí tienen mi parte más loca, más bizarra y más de humor negro que tengo en mi vida, eso lo puse en el personaje”.

 

LO MEJOR Y LO PEOR. La charla estaba llegando a su fin pero no podíamos dejar de hablar sobre algo que según nos dijo el mismo Millán marcó un antes y un después en su carrera: su viaje a  Brasil. “Yo había trabajado con Pablo Rey, un genio y muy buena gente. Fui invitado por Pablo, viajé a Brasil, rendí un casting con Mario House. Mario me vio y me tomaron, me dijeron que vuelva en el verano que estaba contratado como segundo cómico, me volví victorioso”. Muy emocionado, casi llorando, con la voz entrecortada, nos dijo “pero Brasil me marcó, sin saber que al año siguiente iba a volver con la misma ilusión, y cuando llega mi mamá, está unos días conmigo y se muere. Fracasó la temporada porque el turismo brasilero y este teatro de Mario House depende del turismo de habla hispana, yo me quedo haciendo un show de baja temporada, para poder pagar el sepelio de mi mamá y para poder pagar todo lo que trajo aparejado la muerte repentina  de mi madre. Me vuelvo con las dueñas de Alexander´s que habían ido a probar suerte allá, me trajeron con 20 dólares en el bolsillo y con la valija de mi mamá que se había ido de vacaciones”.

El timbre sonó, llegaba quien estaba esperando, comenzamos a despedirnos. Fue una grata experiencia sentarme con un grande del humor,  que me cuenta hasta cuándo piensa seguir sobre las tablas “no falta mucho para que me retire, vi mucha gente decadente, no quiero eso para mí. Yo voy a abandonar el personaje antes que el personaje me abandone a mí, y yo voy a abandonar esta profesión antes que me abandone a mí, quiero irme con un lindo recuerdo. La vida me enseñó que no hay que programar nada. Yo estoy muy cansado físicamente, el cuerpo te manda avisos, me encanta el armar vestuarios y transmitir mi experiencia a nuevos talentos, creo que eso es mi futuro, enseñar”.

Sin dudas, el que conoce en persona a Pablo Millán, conoce la verdad detrás del personaje, el soñador, el talentoso, el gran artista. Y como él nos dijo…nació para actuar y vivir a su manera.

Lo más grande que me dió mi profesión es que una mujer reivindique su imagen a partir de mi personaje

 

Una gran amiga

Sin duda a lo largo de estos 30 años en el humor, Pablo Millán logró cosechar éxitos y amistades importantes, una de ellas es Carmen Barbieri: “Yo estaba haciendo “Eclipse Total del Humor”, esto fue hace 8 años y ella debutaba con Vedetisíma, su primer revista. Yo la había conocido dos o tres veces por un amigo en común, pero la conocí como una figura más y la admiraba como artista. Ella pasó y vió la cartelera y hablando con este amigo, le pregunta  si conocía al transformista, y mi amigo le dice es “Pablo Millán”, y ahí le pidió que me lleve al camarín para conocerme”. Pero Pablo nos habla sobre su “amiga”, no sobre el personaje, “a mí me deslumbró Carmen Luz, yo soy amigo de Carmen Luz, que no es Carmen Barbieri, que es esa Carmen cotidiana que a veces le creo la estrella y a veces soy el peor detractor que tiene de ese personaje y de esa exposición absoluta”.

Con Carmen Barbieri, una gran amiga.

 

Su madre, su gran amor

Un Pablo Millán que pocos conocen, descubrí al hablar de su gran amor: su madre. Cuando llorando nos dijo “yo no supe mas lo que era la felicidad plena desde el día que murió mi mamá, yo lo digo y lo siento profundamente. Porque nosotros habíamos traspasado la barrera de madre e hijo, si bien nos teníamos el respeto como para esa relación, éramos muy amigos. Era mi cómplice, mi socia, mi amiga, mi referente. Muchas veces me sigue faltando ese celular y esa llamada telefónica cuando tomo una decisión, pero yo sé que ella quería esto para mí.

Me hubiese encantado que me vea hoy, ella vivió la época de la siembra, no vió la cosecha. Ella se fue cuando yo cumplía 15 años con el humor, era la mitad de mi carrera. Para mí ser exitoso en Entre Ríos también es una manera de homenajearla, y también cuando me transformo en mujer y cuando trato de conceptuar esa mujer, ella tiene mucho que ver. Y van pasando los años y cada vez me veo más parecido a ella estéticamente, ella era una mujer maravillosa, y yo la tomo como referente”.

Junto a su madre, a quien recuerda con emoción. 

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Gisela Grossman

Especial ABZ

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