Lunes, 04 Septiembre 2017 02:08

Con las redes, hablamos de política a toda hora. Pero sin los límites de una discusión cara a cara.

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El botón contra la indignación. El taxista tiene nostalgias del orden de la dictadura. No es la escena de una película, no es un cuento viejo: es un viaje real en agosto de 2017.

 

El taxista - lo dirá al final- tiene 52 años: apenas habrá llegado a votar en las elecciones que ganó Alfonsín. La pasajera discute, evalúa si es mejor bajarse, como quiere llegar, contesta pero se modera y como él no quiere perder el viaje, cierra la boca. Hasta ahí una discusión política con contexto: están cara a cara -nuca a cara-, irse de boca puede tener consecuencias y el contacto acaba en unos minutos. Casi lo contrario pasa en las redes: vivimos conectados como nunca, en una discusión política permanente desde donde tenga señal el celular, listos para adherir a tal manifiesto antes de dormir o apurados por definir una posición cuando hay que apagar el teléfono en el avión. Pero casi nunca frente a nuestro/s oponente/s.

La indignación -la emoción preferida de las redes es la indignación- no tiene más límite que el de nuestro psiquismo: la maldad del otro crece tanto como nos podamos imaginar y sacarlo de la vista es tan sencillo como apretar el botón “Eliminar de mis amigos”. El otro probablemente ni lo advierta.

FUENTE: CLARIN 

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ABZ

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