Lunes, 21 Agosto 2017 01:35

La conjugación del verbo pasado en presente

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La ciudadanía debe tener el derecho a expresarse y manifestarse sin peligro a las represalias. La ciudadanía debe tener el derecho a expresarse y manifestarse sin peligro a las represalias.

PANORAMA INTERNACIONAL. Venezuela al límite. La situación de Venezuela no deja de ser protagonista de los medios nacionales e internacionales. Día tras día el país “bolivariano” traspasa sus fronteras con novedades que superan el umbral del asombro y la sorpresa, despertando la intriga natural que padecen los “hombres-de-buenas- intenciones”,  quienes se preguntan cuándo veremos  “Paz”  en los titulares que encabezan las noticias. 

 

Sin embargo la “cuestión Venezuela” es un elemento más que divide las aguas en opiniones contrarias y antagónicas. Las posturas extremadamente opuestas salen a la luz al momento en el que los analistas – y la sociedad misma – debe opinar y referirse a la actualidad venezolana. Esto no debe representar ningún tipo de extrañeza, ya que la Venezuela de Maduro parecería representar el último bastión de resistencia de los gobiernos populares – o populistas para otros – que caracterizó a Latinoamérica en los últimos 20 años.  La legión del sur americano ya dejó atrás a los Chaves y a los Correa,  debilitados – aunque con esperanza- perecen los Lula y sus Dilma, desaparecieron de escena los Mujica, y los Kirchner dicen que ya no son lo que eran.  Mientras tanto Bolivia saluda en retirada a Evo Morales, y Maduro nos enseña qué es lo que hay que hacer para debilitar la democracia. 

 

VENEZUELA ES HOY. No nos estancaremos aquí a desarrollar una crónica de los conflictos políticos, sociales y de violencia que azotan a Venezuela, sobre ello podrá el lector encontrar información en los diversos medios masivos. Sin embargo el caso venezolano nos merece un análisis sobre las condiciones en las cual se desarrollan estos conflictos,  brindándonos un panorama que nos permita responder a la pregunta que se manifiesta como bisagra para posicionarnos de un lado o del otro ¿hay democracia en Venezuela?

Lo primero que debe aclararse es que la democracia técnicamente es un método y no un fin en sí mismo. Es decir, la democracia no debe entenderse como sinónimos de libertad, igualdad, distribución de riqueza, soberanía, etc. Esta simplemente responde a una forma de designar y distribuir los cargos del poder a través del voto y la elección del pueblo. Sin embargo para los países que históricamente sufrimos constantes interrupciones a los gobiernos democráticos, atravesados por dictaduras militares, que impusieron no solo la anulación de elecciones populares y de las principales instituciones de gobierno, sino también la censura, la persecución ideológica, el terrorismo de estado, y otras atrocidades; para estos pueblos  la democracia encierra mucho más que la posibilidad de elegir representantes. Si se me permite la simplificación, de modo sintético y abarcativo,  el sentimiento democrático no inspira y significa otra cosa para nosotros que la libertad misma. 

Pero como lo establece Robert Dalh, la democracia – y la anhelada libertad e igualdad que demandan los pueblos a través de ella– no estarán asegurada solo con las urnas y los comicios. Además de esto requiere el aseguramiento de otras instituciones que en la actualidad demuestran estar debilitadas, viciadas, o anuladas  en el sistema político venezolano. 

 

ELECCIONES LIBRES, IMPARCIALES Y FRECUENTES. Si bien Maduro rige un mandato devenido de elecciones legítimas, pareciera no dar lugar a la continuidad de un sistema electoral que no favorezca a su gobierno y beneficie el posicionamiento de la oposición. Centrándonos en los últimos antecedentes,  la disolución, por parte del Supremo Tribunal de Justicia adicto al Poder Ejecutivo, de la Asamblea Nacional elegida en 2015 y dominada por bancas opositoras; sumando la conformación de la nueva Asamblea Constituyentes, donde no participó la oposición, y electa en unos comicios de dudosa transparencia y legitimidad; estos acumulan ejemplos que no hacen más que dejar a las claras la imparcialidad y poca libertad de acción para la soberanía popular. A esto se le suma el aplazamiento de elecciones a Gobernador en todo el país, las cuales  que fueron reprogramada de su fecha establecida originalmente, en conveniencia de la  coyuntura oficialista.  

 

LIBERTAD DE EXPRESION. La ciudadanía debe tener el derecho a expresarse y manifestarse sin peligro a las represalias o la persecución. Los alzamientos y manifestaciones constantes en contra del gobierno no solo han tenido la respuesta represiva por partes de las Fuerzas Armadas y grupo paramilitares (que generaron más de 2000 heridos y 120 muertos en manos de la policía y de civiles armados), sino que además se le suman los presos políticos opositores al gobierno. Sin duda la escala de violencia no debe entenderse unilateralmente, ya que el nivel de enfrentamiento que atraviesa la sociedad venezolana, no anula las embestidas de manifestantes opositores quienes también aportan su cuota de violencia realizando ataques armados contra ciudadanos, periodistas y simpatizantes al Chavismo. Sin embargo, el monopolio de las fuerzas armadas, de control y seguridad, se encuentra en manos del poder del estado, siendo este el único responsable de su incapacidad de mantener el orden en momentos de desequilibrio político-social. 

Por otra parte, el monopolio de las alternativas de comunicación e información en manos del Estado, imposibilita cada vez más a los ciudadanos en su derecho de acceder a un relato que exceda los proporcionados por el gobierno.

 

AUTONOMIA DE LAS ASOCIACIONES. La independencia de la organización política de la ciudadanía debe ser un elemento clave para el desarrollo de programas políticos e ideológicos alternos, como para la generación de dirigentes políticos que no deban responder al poder. La subyugación de gran parte de la ciudadanía al poder del Estado y al régimen de maduro se debe principalmente a las presiones que se ejerce a partir del dominio trabajo rentado dentro del sector público. Un gran porcentaje del mercado laboral pertenece a este sector, que le exige obediencia partidaria y al régimen, a cambio de estabilidad. Esto impide el armado de alternativas políticas más moderadas  que los extremos posibles: esto es,  la oposición férrea de tinte liberal como la propagada por partidos y líderes opositores como Leopoldo López, o la subordinación al relato y a las políticas oficiales de Maduro.

 

REPUBLICANISMO. La división de poderes tiene su eje en el control compartido de las acciones de gobierno. El sistema venezolano ha devenido en una autocracia, donde el poder centralizado en Maduro no se somete a ningún tipo de obstáculo, control o responsabilidad (accontability) por los actos de gobierno, estando anulada la Asamblea Legislativa, adoctrinada la Justicia, y la reciente conformación de una Asamblea Constituyente con supra- poderes en reformas económicas y judiciales, en la que la oposición no tiene representación. 

 

Reflexiones para ayer, hoy, y a lo mejor, mañana

Un análisis teórico-conceptual como el anterior parecería sobrar para dilucidar la fragilidad de la democracia venezolana. El contexto social, político y económico por si solo deja a las claras y en obviedad el extremo debilitamiento que enfrenta Venezuela en lo referente a su democracia:  protestas y manifestaciones constantes, con alto nivel de enfrentamientos de bandos y represión policial; persecución política a opositores por un lado, y violencia contra los seguidores al gobiernos por el otro; presión internacional para la solución definitiva de los conflictos por parte de la mayoría de los países y organismos americanos, de la Unión Europea, e incluso del Vaticano; crisis económica con altos niveles de pobreza y desempleo; desabastecimiento de productos básicos para la sobrevivencia digna. A esto debe sumársele las internas que enfrenta el propio gobierno, dentro de su partido y de sus funcionarios; y unas Fuerzas Armadas, funcionales al poder por su capacidad represiva, quienes han obtenido cada vez más poder y recursos, pero también dubitativos de la capacidad del gobierno de mantener la estabilidad social. 

Los aportes hechos aquí solo buscan esclarecer el debate, fundamentando rígidamente  por qué Venezuela está cada vez más alejados de ser un país democrático, para enfilarse hacia un régimen que por la debilidad de sus instituciones  se asemeja más a uno autocrático (en términos técnicos)  o dictatorial (entendiéndose más vagamente, aunque no fueran lo mismo)

Pero la cuestión Venezuela no debe analizarse solamente desde las consecuencias, que no son otras que la coyuntura actual, sino más bien desde las causas que lo llevaron a la crisis actual, y las posibilidades que se pueden divisar en un horizonte cercano. Venezuela, como sucedió con muchos otros países de la región y sus commodities, debe su época de bonanza principalmente a los altos precios a los que pudo colocar el petróleo en el mercado internacional. El barril de petróleo escalonó de US$ 8 a US$ 130 en estos últimos años. Esto le permitió el mayor ingreso de riqueza a de la historia de Venezuela. Sin embargo el déficit de sus líderes políticos (Chaves en su momento y Maduro en la actualidad) no supieron -o no quisieron- trasladar la utilidad de la explotación de sus recursos naturales en un sistema económicos que los sacara de la dependencia exclusiva del crudo y de los mercados. La industrialización de los países latinoamericanos es la gran deuda de los gobierno populares que caracterizaron a la región, y si bien algunos países supieron distribuir más equitativa y popularmente la riqueza generado en este contexto positivo de los mercados internacionales con respecto a sus commodities, dejaron librados al azar del mercado el futuro de sus economías, de sus proyectos políticos, y de su pueblo. Y así, como la crónica de una crisis anunciada, la baja del precio del petróleo golpeó fuertemente la economía del país, resonando con sus réplicas en la estabilidad política de un régimen que no estaba dispuesto a soltar el poder, ni tampoco había creado una herencia política independiente y moderada  que propulsara una alternativa en el momento que la sociedad  exigiera un recambio.  

En la actualidad el barril de petróleo ronda los US$50, esto sigue siendo un cómodo gran ingreso para el Estado Venezolano, sin embargo no suficiente para salir del pozo crítico en que se encuentra la situación económica. Vale recordar que más del 90% de los que se exporta de Venezuela es petróleo, pero a su vez su escasa y nula capacidad de producción genera altos niveles de importación. La mayoría de los productos que se consumen en el país vienen del exterior (alimento, medicamento, vestimenta, electrodoméstico, etc.). Es decir, que las divisas que ingresan  solo sirven para abastecer mínimamente al país, y el resto para mantener los costos del adoctrinamiento del  régimen, y principalmente el mantenimiento de las Fuerzas Armadas, que se convirtieron en el sostén central del gobierno.  

Bien como plantean los analistas internacionales, en la medida que el precio del barril no baje lo suficiente, asegura la estabilidad del régimen chavista. En un contexto de corto plazo en el cual Maduro no profundice  aún más la crisis política y social que se manifiesta en las calles, e inclusive genere algún acceso de participación a la oposición, podrá seguir  manteniendo la débil gobernabilidad  que atraviesa. Si bien esto desencanta la esperanzas de los más duros opositores al régimen, la realidad es que, una vez más, es la economía la que marca el futuro de los pueblos, sin importar los costos que estos deban soportar. 

 

La Venezuela de Maduro parecería representar el último bastión de resistencia de los gobiernos populares (o populistas para otros). 

En la actualidad el barril de petróleo ronda los US$50, esto sigue siendo un cómodo gran ingreso para el Estado Venezolano.

Venezuela está cada vez más alejado de ser un país democrático.

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Matías Dassetto

Especial ABZ

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