Lunes, 21 Agosto 2017 01:28

The yellow is the new black: el amarillo está de moda

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Cambiemos basó su estrategia en la nacionalización de la campaña representando en Atilio Benedetti. Cambiemos basó su estrategia en la nacionalización de la campaña representando en Atilio Benedetti.

ANALISIS POLITICO. Pasó Agosto, viene Octubre. Las PASO se dieron lugar nuevamente, y demostraron la relevancia de una instancia que el discurso político oficial quiere desmitificar, con el fin de extirparlas definitivamente del sistema electoral. 

 

Sin embargo la importancia de estas son tan evidentes, que dejaron abierto un sinfín de  diagnósticos, evaluaciones, conclusiones,  y pronósticos de cara a octubre, que comprueba que las PASO están más vivas que nunca, y que su significancia en la vida política argentina no debería serle indiferente, al menos claro, que el objetivo de eliminar las PASO sea exclusivamente minimizar la participación ciudadana y la capacidad de incidencia de ellos en la cosa pública.

Lejos de poner en debate en este artículo la utilidad real que reviste la herramienta de las PASO, nos ocuparemos de un análisis, a partir de la extrapolación de los datos concretos, para dilucidar qué nos ofrecieron a nivel provincial, como en la coyuntura nacional, las elecciones primarias. Inmediatamente se despierta un diagnóstico que atraviesa las causas del triunfo, casi arrasador,  de Cambiemos en la provincia como en el resto del país, pero también nos permite la posibilidad de analizar los desafíos con que se encuentran las distintas fuerzas políticas con la mirada y las expectativas puestas en Octubre, y por qué no, para los más audaces y especulativos, con las ambiciones puestas en las elecciones presidenciales de 2019.

 

LA BATALLA ENTRERRIANA: LOS DESAFIOS A CORTO PLAZO. Entre Ríos se pintó de tinte “amarillo-pro”. Las tres listas de precandidatos de Cambiemos sumaron un 47,2 % de los votos, mientras que el PJ obtuvo el 45%. En tercer lugar, sobrepasando las expectativas reales que suponía el mundo político, los izquierdistas del MST obtuvieron un 3,9%, seguido en un empate simbólico por el Encuentro Social que alcanzó un 3,8%.

Hilando más fino, la lista “oficial” de Cambiemos, bendecida, apoyada y armada en las oficinas de la Casa Rosada por el Ministro del Interior Frigerio y el mismísimo Macri,  por sí sola obtuvo un 39,2% de los votos totales; mientras que la lista “oficial” del Justicialismo, apoyada por Bordet, Busti y Urribarri, obtuvo el 26,8% de los votos. De manera más sencilla, Benedetti obtuvo en la provincia casi un 13% más de apoyo que Bahillo.

Por otra parte, la distribución territorial de los votos no debe ser dejada de lado para el análisis y la sorpresa. Cambiemos se estableció como triunfante en 10 de los 17 departamentos. Sumado a este dominio electoral en extenso y profundo, debemos particularizar el triunfo en departamentos importantes. En la capital obtuvo el apoyo de casi el 50% de los paranaenses, mientras que arrebató el dominio pejotense a Gualeguaychú, cuna del candidato Bahillo, con un 52% de los votos. A esto debemos sumarle el arrebato político del cuarto distrito más grande de la provincia, Uruguay, así como también el departamento de Colón.  

 

LA ESTRATEGIA. La supremacía de Cambiemos se explica a partir de la lógica distinta en la que se configuraron las estrategias de campañas en comparación con la del PJ, y en particular con la lista de “Somos Entre Ríos”. Cambiemos basó su estrategia en la nacionalización de la campaña, dándole impronta y explotando la figura de Macri, mientras que los candidatos de “Somos Entre Ríos” optaron a la  provincialización de la misma, a través de la figura de Bordet. Sin dudas que la buena imagen que posee el gobernador por parte de los entrerrianos es ventajosa como traccionadora de votos, sin embargo nunca iba a poder superar los incentivos de la estrategia nacional macrista, cuya lógica polarizadora era mas atrayente a la hora de captar votos. La campaña dicotómica, planteada por el Gobierno Nacional, entre la “continuidad del cambio futuro”, o la “vuelta a las políticas ineficientes de los doce años kirchneristas viciadas de corrupción”, encarnadas en la figura de Cristina Fernández, volcaron a los entrerrianos a votar por los caratulados como el “Cambio entrerriano”. Si bien Bordet y su lista, no se alinea al kirchnerismo más férreo, e incluso las relaciones con el ejecutivo nacional no son para nada conflictivas, la realidad es que al oficialismo entrerriano le costó mucho separarse de la impronta con que lo vio nacer. 

En los sesenta días que nos separa de las próximas elecciones, el PJ entrerriano deberá afrontar muchos desafíos. Por un lado, salir del juego polarizado y dicotómico que impone Cambiemos, para eliminar las huellas de un pasado que hoy le pesan. Obviamente, la provincialización de la campaña es el único recurso, por falta de referentes nacionales a los cuales alinearse, dando por contado que la bendición de Massa demostró ser infructuosa. Sin embargo, debe fortalecer la imagen de sus candidatos, que se observan desaparecidos, en carácter, capacidad y opinión.  Para esto las estrategias de campaña deben superar la única presencia en actos políticos que son puramente militantes, o la presencia mediática en programas de TV, o en las redes sociales, que exigen hoy la dinámica política. La sociedad esta sedienta de propuestas y proyectos que superen el vacío ideológico que caracteriza a la política. El político distinto de hoy es el que propone y se acerca al electorado, el cual está saturado de slogans y discursos repetitivos y vacios de contenido. Los carteles y propagandas nunca van a ser más efectivo que el contacto personal. Estas cuestiones que parecieran ser obvias, dejaron de serlo para una clase política que solo ofrece una buena imagen maquillada, y discursos medidos con “focus group”.  

 

ATRAER VOTOS. Si bien para el gobierno provincial le va a ser difícil, por no mencionar imposible, recuperar los votos que en esta primaria se volcaron a Cambiemos, la realidad es que aun existe un caudal de votos importantes para atraer. Existen aproximadamente un 7% de votos que fueron nulos o en blanco, a los que se suman los votantes del MST o de Encuentro Ciudadano, quienes en esta primera instancia pudieron inclinarse hacia estas fuerzas en la lógica de un “voto de apoyo” para fuerzas minoritarias, pero que en las Generales repensarían un “voto castigo” al oficialismo nacional. 

Por el otro extremo, se encuentra Cambiemos, los cuales, como se aprende en política “no debe cambiarse lo que da resultado”. Por lo tanto su  estrategia no debería trastocar: mantener la discusión en términos nacionales y polarizada, bajo la oferta bicéfala de “cambio futuro o regreso al pasado”, y el apoyo de las intendencias y la militancia radical, que son la única estructura partidaria real con la que cuenta el PRO.  

Por su parte las fuerzas del MST y el Encuentro Social, no deberán contentarse y permanecer estoicos solo por haber superado su primer objetivo electoral de vencer la barrera del 1,5% y asegurar presencia en las elecciones Generales de Octubre. Esta es la oportunidad para la izquierda de fortalecer sus bases en el territorio entrerriano, proclamándose como la tercera fuerza, con oportunidades de obtener una representación en el Congreso de la Nación. Deben ser consientes de que la fidelidad a su lista, y la mantención de los porcentajes de votos es muy frágil, y depende de la capacidad de mantener enamorado a sus votantes. Por el lado de los socialistas y sus aliados, deberán replantearse como fortalecer su caudal de votos, que sin dudas podría ser mucho mayor, pero sus alianzas políticas, sus representantes y sus lineamientos estratégicos dejan mucho que desear. Un candidato perteneciente al Frente Renovador, pero que no representa ni responde a Massa, sumadas las excusas de la carencia de un aparato partidario, es una falta de respeto para las tradiciones socialistas, que en algún momento significaron ideales y valores que hoy no se sabe hacia dónde disparan.

Al oficialismo entrerriano le costó mucho separarse de la impronta con que lo vio nacer. 

 

¿Por qué  Cambiemos se mostró triunfante?, reflexiones del éxito de moda

La principal premisa que debe encabezar el análisis del triunfo macrista no debe desprenderse, sin lugar a dudas, de la clásica estrategia, provenida de los manuales más básicos de Duran Barba. Los efectos de una campaña polarizada desde el gobierno, atravesada por grandes medios nacionales, y aterrizando en las provincias y los distritos municipales, fue sumamente efectiva. La instalación ficticia e imaginaria de un escenario en el que se ponen en juego el futuro del país entre las opciones de “mantener el cambio -aun en malas condiciones- o volver al pasado”, fue la titulización de los discursos y el debate electoral. Lejos de arriesgar en la discusión proyectos e ideas a tratar en el Congreso, Cambiemos volvió a poner en relieve en el sistema político argentino un bipartidismo, que sentó las bases para su triunfo. Incluso con una coyuntura adversa, donde la inflación no cesa su escalada, la economía no sale de su estancamiento, el aumento de los índices de pobreza, y la pérdida de puestos de trabajo, el gobierno nacional no solo salió airoso de las PASO, sino que se coronó el gran ganador de esta primera batalla. Inclusive las noticias llegadas de Venezuela, donde no cesa la crisis política, económica y social, fue capitalizada por la maquinaria mediática de Cambiemos para instalar la posibilidad de dos mundos distintos, según como la ciudadanía se exprese en las urnas: “volver atrás el camino para ser Venezuela, o nos transformarnos en una nueva Argentina”, advertían entre líneas los discursos del PRO.  

Como segunda causa del triunfo, y que alimenta el escenario político bipolar que propone el Gobierno, la falta de una fuerza política que articule como tercera opción, intermedia entre el presente poco generoso, y un pasado más generoso pero desencantado y desgastado, la sociedad decidió ofrecer un respaldo electoral a Macri. Este no es más que un guiño, una nueva luna de miel, que seguramente no durará mucho en la medida que las condiciones económicas no mejoren sustantivamente. En este sentido, la sociedad respaldó principalmente las formas poco confrontativas, mas “dialoguistas”, y menos personalistas que proponen los “modus operandi” del Gobierno Nacional, de sus funcionarios, y de sus representantes políticos más relevantes. Sin embargo, la apatía y el descontento con la falta de soluciones reales a las problemáticas diarias de los argentinos siguen estando en la cabeza de los votantes, y el déficit en la gestión y en los resultados no va pasar por alto en las continuas contiendas electorales. Cambiemos no posee más que la estructura y la fidelidad partidaria de la UCR, el resto de sus votantes son sumamente volátiles, cuyo apoyo cesará si no observa transformaciones positivas reales en la coyuntura del país. Es por eso que el amarillo solo estará de moda hasta que el hartazgo del color ineficiente deje de ser vendible. 

En cuanto a la nulidad de las terceras opciones, que Massa supo representar en algún momento, quedaron agónicas en estas PASO. El líder del Frente Renovador demostró no saber mantener y consolidad el lugar de privilegio que le había otorgado la ciudadanía en las elecciones de 2013 y 2015. Este fue el gran perdedor de estas PASO, y si no desea desaparecer de la escena política, y ser absorbido y devorado por la estrategia polarizadora del Gobierno, es mejor que comience a encuadrar estructuras políticas en las provincias y municipios. 

Como tercer factor, el triunfo de Macri se lo debe a Vidal. La gobernadora bonaerense, es la nueva líder política con mayor imagen positiva. Su alto nivel de aceptación y empatía con la ciudadanía bonaerenses – y también la nacional –  confabularon para beneficiar la imagen del Cambio. Quedaran para más adelante el análisis del futuro político de Vidal, que hoy es presidenciable. 

Por último, el éxito del Cambio, y el pilar de la estrategia del PRO, es Cristina Fernández.  La expresidente es la carta más alta con la que juega el devenir político de Cambiemos, sin ella como protagonista antagónico  se debilita cualquier escenario ficticio creado por Duran Barba, en el que el fantasma del pasado sobrevuele y amenace a los argentinos. Por otro lado, Cristina es a la vez la piedra en el zapato que imposibilita al PJ unificar fuerzas. Mientras la expresidente mantenga fortaleza política, va a continuar vagando un liderazgo al que la mayoría de los dirigentes peronistas ya no desea responder, pero debe respetar, porque su núcleo duro de apoyo sigue teniendo un piso alto de votos, y un potencial techo aún más preponderante, pero desconocido.  En suma, Cristina Fernández de Kirchner sigue siendo el eje desde donde centrar las estrategias y los devenires políticos. Claramente doce años de gobierno no se borraran tan fáciles, aun en tiempos donde el “yellow is the new black”. 

 

El triunfo de Macri se lo debe a Vidal. 

Cristina Fernández de Kirchner sigue siendo el eje desde donde centrar las estrategias y los devenires políticos.

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Matías Dassetto

Especial ABZ

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