Lunes, 07 Agosto 2017 00:44

Luciana Andrade: motores y melodias

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Luciana Andrade, cantante, mecánica de aviones y mamá. Luciana Andrade, cantante, mecánica de aviones y mamá.

Entre la tierra y el cielo. Heredó la profesión y el hobby de su papá. Luciana Andrade, comparte sus días entre su rol como mecánica de aviones y el disfrute de la música, su gran pasión. Además, de ser mamá de dos niñas de 7 y 9 años, a quienes acompaña diariamente en las actividades cotidianas.

 

Luciana, que nació en Córdoba y vive en Paraná. Recuerda en el mediodía soleado de un sábado de agosto, entre mates y nostalgias, que “desde que somos chicos con mis hermanos nos gustaba cantar, la cuna del folclore era mi casa”, tras apuntar que subió a un escenario por primera vez a los 14 años. Su mirada cambia repentinamente cuando recuerda su Córdoba querida, como si las lágrimas llegaran a sus pupilas, “el desarraigo siempre cuesta. Hoy por hoy ya me acostumbré, pero se sigue extrañando las raíces, extraño toda mi familia que quedó allá. Voy a visitarlos siempre que puedo, pero se necesitan mucho”.

Muy feliz nos contó que pertenece a la Fuerza Área: “Fue un poco de cuna, porque mi papá pertenece a la fuerza, hoy es suboficial retirado”.

Su inicio, lo describió como algo “muy loco, en realidad entré por curiosidad. Mi papá nunca me influyó ni a mí ni a mis hermanos para entrar a la Fuerza Aérea y dejó que tomáramos nuestras propias decisiones. Un día vi una publicidad en televisión en la que se hacía referencia a las actividades que se realizan en la Escuela de Suboficiales y se explicaban los requisitos para el ingreso. De ahí partió la idea. Así surgió mi carrera”.

Entre recuerdos y anécdotas esbozando una sonrisa como de melancolía mezclada con satisfacción, llega a su memoria el momento en el que egresó de esta especialidad: “Me mandan a lo que es la Quinta brigada aérea en Villa Mercedes, San Luis, a trabajar con los aviones A4R, que son aviones de combate, y ahí fui a hangares. Así comenzó toda esta historia de la mujer mecánica”. Lo que es digno de mencionar, es que Luciana junto a cuatro compañeras más, fueron las primeras mujeres aeronáuticas de la Argentina: “Con mucho esfuerzo y dedicación tuvimos que ir abriendo campos en lo técnico, que es un campo de hombres. No fue fácil, pero también tuvimos la suerte de que nos dieran esa posibilidad, al personal masculino le costó un poco, porque en un ámbito de hombres el léxico y demás le costaban tenernos presentes ahí”.

En cuanto a la especialización, dijo que “la verdad yo no había pensado elegir mecánica, pero por temor, porque yo nunca había estudiado en una escuela técnica. Pero bueno, no me fue fácil pero están los profesores quienes siempre me ayudaron muchísimo. La realidad es que cuando uno llega a la unidad y te ponen a trabajar en el avión, ahí es cuando uno realmente aprende”.

Orgullosa de sus días como mecánica, Luciana nos cuenta que “en la II Brigada, mi sección está compuesta por doce suboficiales y dos civiles varones; yo soy  la única suboficial mujer. Me siento muy feliz trabajando de esto. Lo hago con mucha responsabilidad y empeño. Además, me siento muy cómoda  porque mis compañeros me permiten hacerlo como lo puede hacer cualquier hombre, no siento ningún tipo de discriminación por parte de ellos y eso me hace sentir bien y muy útil. Me dan el lugar que debo tener”. Luciana no se arrepiente de las decisiones que en su vida debió tomar  “la verdad estoy muy contenta con todo lo que hice hasta el momento. Nunca me imaginé estar con aviones, pero cuando me pusieron a trabajar en ellos se despertó en mí un gran interés, interés que hoy se convirtió en pasión. La verdad que amo lo que hago y no me imagino trabajando en otra cosa”.

 

LA OTRA PASION. A diferencia del estudio que debió realizar para ejercer su profesión, visiblemente emocionada, dice que nunca estudió canto: “Todo es innato, pero tengo la gran suerte de haber heredado la voz de mi papá y mi mamá los dos saben cantar. Mi padre cantó en muchos lugares, mi abuelo, mis tíos, es una bendición en la familia”.

Y así como en la Fuerza tiene una predilección, en el ámbito musical no tiene un autor preferido, porque “es amplio mi gusto. Me gusta mucho como compone Ismael Serrano, me voy a otro extremo y alguien muy distinto, me gustan mucho las letras del cantautor argentino Jorge Cafrune. Quien pueda hacerme sentir en lo que leo o interpreto en el momento”.

Su gran amor es la música, eso se nota simplemente al escucharla hablar y al ver la emoción en su mirada, Luciana recuerda los grandes maestros con los que le tocó compartir escenario alguna vez “le hice de soporte dos veces a Los Nocheros, canté con Facundo Toro, Los 4 de Salta, Los Tekis, entre muchos artistas consagrados de nuestro país. Mi sueño con la música, no es la fama, sino el hacer sentir al menos a una persona lo que yo siento al interpretar una canción, ese es mi gran deseo en la música”.

Iluminada por los rayos del sol que ingresa desde el gran ventanal de la sala, Luciana define que al cantar “vivo, me siento viva, así de sencillo”, porque entiende que la letra “debe llegarme, la debo sentir, porque tal vez es algo que  en algún momento me sucedió o tal vez una historia cercana. Eso es todo lo que yo necesito para poder cantar y transmitir, no simplemente cantar, viviendo esa historia cuando la canto”.

Así  es Luciana Andrade, una mezcla de tres mujeres en una: Mamá, mecánica y cantante, y como ella misma dice cuando habla de su vida “todo se puede más allá de las dificultades que se presenten, el secreto está en la convicción, la perseverancia de lo que cada uno se propone en la vida. En cualquier momento y a cualquier edad, nada es imposible”.

Cumpliendo tareas en la Base Aérea local

Con el uniforme y sus hijas. 

Junto a un compañero de tareas. 

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Gisela Grossman

Especial ABZ

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