Lunes, 31 Julio 2017 14:18

Subite a la bicicleta financiera: la única que avanza en reversa

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Este sistema económico “new-age” es la causa principal de los dolores de cabeza de nuestros funcionarios políticos Este sistema económico “new-age” es la causa principal de los dolores de cabeza de nuestros funcionarios políticos

El sistema económico “new-age”. La realidad económica de nuestro país no puede explicarse sino enmarcándola en una dinámica mundial, que basa su generación de riquezas, ya no en la clásica y antigua valorización a través de la producción de bienes y servicios, sino en la azarosa ruleta financiera.

 

Este sistema económico “new-age” es la causa principal de los dolores de cabeza de nuestros funcionarios políticos, que en su búsqueda hacer llover inversiones para la generación de industria, solo ven la sequía que nos dejan los grandes poderes económicos. Lamentablemente la timba del mercado financiero sigue siendo la mayor atracción para los inversionistas. Tratemos de entender por qué.

 

EL CASINO MUTUALISTA. Nunca podríamos comprender los fracasos económicos de nuestro país – y de muchos países de la región y el mundo – si no comprendemos cómo se organiza la nueva economía mundial. Esta se estructura en torno a las redes globales de capital. Esto que pareciera muy complejo no reviste ninguna dificultad: son miles de millones de dólares, pesos, yenes, euros, o cualquier tipo de valor, representado en bonos, acciones, fondos de inversión, etc., que se vierten en las “redes o flujos de capital”, que, según la puja especulativa del mercado, crecen en valor o se deprecian. Más simplemente, estos capitales prosperan o fracasan, dictando el destino y el futuro de grandes empresas, divisas nacionales, economías regionales, y hasta los ahorros de una familia o un trabajador. El resultado neto es de suma cero: los perdedores pagan a los ganadores. En esta economía “new-age” -de la nueva era- la realidad única, donde se hace y se pierde dinero, donde se invierte y donde se ahorra, es en la gran esfera financiera. Todas las demás actividades (excepto las del limitado sector público) son primordialmente la base para generar los excedentes necesarios para invertir en estos “flujos globales de capital.” Es decir, la renta generada por las industrias dejó de reinvertirse en más bienes de producción, en más empleo, o en más tecnología. Esta rentabilidad producida por las empresas e industrias productoras de bienes y servicios, va a parar al casino más grande del mundo, en donde los costos y los riesgos parecerían ser menores. ¿Qué quiere decir esto? Que la acumulación de capital, es decir la generación de valor, la generación de riqueza de los pueblos y las sociedades del mundo, dejó de valerse de la producción en las clásicas industrias o fábricas, empleadoras de trabajadores capacitados, y cuyo aumento del poder adquisitivo significaba la adquisición de más bienes y servicios producidos por esas mismas industrias, y que frente a las ganancias y rentabilidades buscaban crecimiento mediante la reinversión y la planificación a largo plazo. Lejos quedaron esos tiempos donde los hombres se sentían protagonistas de ser los edificadores de su propio mundo, de su riqueza, de su futuro. De nada sirve hoy ser trabajador, de poco sirve emprender una empresa, de nada sirve la industrialización, porque hoy la riqueza se juega en el gran casino financiero. Quien mejor maneja esta bicicleta es el ganador del “New Tour de France”.

 

LA SEQUIA DE LA LLUVIA DE INVERSIONES. Nuestro país esta sediento de la lluvia de dólares, sin embargo en vez de atraer empresas para instalarse en Argentina, lo único que arriba son fondos especulativos de corto plazo, en busca de una alta y segura renta especulativa, alimentando así nuestra propia “burbuja financiera”. La política macroeconómica que está llevando adelante el gobierno nacional dista bastante de la promesa de instalación de industrias que generen empleo, mayor producción y rentabilidad para nuestro país. La única producción nacional es una bicicleta financiera “made in argentina” cuyos trascendentes logros son la generación de utilidades para las multinacionales ya instaladas en nuestro país. El discurso instaurado por la gestión actual, se ha basado en que el nuevo contexto políticoideológico producto del ascenso de un nuevo gobierno con características opuestas a los anteriores, generaría un “shock de confianza” para que buena parte de los activos dolarizados que los argentinos habían fugado, retornarían al sistema, sumados a inversiones extranjeras, que generarían insoslayablemente más producción y trabajo. Sin embargo, esta estrategia no llegó a buen puerto producto de que el Banco Central debe seguir subiendo las tasas de interés para que los ahorros de los argentinos no se sigan dolarizando aún más. Así, a través de tasas altas, los argentinos apostaríamos al peso, depositándolo en el sistema bancario o comprando Lebac (Bonos del Tesoro Argentino). Sin embargo esta política a su vez tiene efectos en el crédito. La subas de las tasas, encarece la adquisición de créditos, volcando a los inversores a apostar cada vez más a los Lebac, u otro tipo de oferta en el mercado financiero, dejando de lado la posibilidad de invertir en producción dentro de la economía real. Según los datos, por cada dólar que ingresa a la economía argentina para la actividad productiva, existen otros cinco que ingresan para la especulación financiera. Esto da el marco perfecto para la bicicleta perfecta: dólares que llegan al país, para convertirse en pesos, que se vuelcan al mercado financiero en busca de una buena tasa de rentabilidad, para luego convertir los réditos, nuevamente, en dólares. Y la bicicleta empieza a girar de nuevo. Los datos son claros: el ingreso de dólares especulativos había sido de 12 millones de dólares en 2015, y de 1925 millones de dólares en 2016, mientras que en el primer cuatrimestre de 2017 ya acumuló 2895 millones. Si el modelo económico no brinda ganancias extraordinarias en el negocio financiero, como dicen nuestros funcionarios en defensa de su modelo macroeconómico ¿por qué ingresan cada vez más divisas del exterior para especular con las Lebac? La inversión extranjera directa para los sectores de la economía real, a diferencia de lo que ocurre con los capitales de portafolio, no repunta. En los primero cuatro meses del año acumuló 937 millones, cifra que es la tercera parte de lo que ingresó para la bicicleta. La encrucijada en la que se encuentra el gobierno es fatal, si el Banco Central bajara la tasa de interés, la compra de dólares y la fuga de capitales sería aún mayor. Si la sube, encarece las posibilidades crediticias, y favores las facilidades para la rentabilidad a través de la bicicleta. Así promesa de confianza de los inversores para la lluvia de dólares, solo parece traducirse en la de dólares provenientes del endeudamiento, o exclusivamente para la especulación financiera a corto plazo.

 

MERECIDAS REFLEXIONES. Reducir esta problemática a malas maniobras por parte del funcionariado argentino sería una visión reduccionista y sesgado de nuestro análisis. Debemos enmarcar los déficits de este sistema económico en los mismísimos males generados por el sistema mundial. El capitalismo al cual se sucumbe hoy la sociedad mundial es el más cruel al que se ha sometido. El capitalismo reestructurado de la nueva era es el antagonista de aquel capitalismo industrial del Siglo XX, que a pesar de sus falencias debatibles, daba oportunidades de progreso a los pueblos. El nuevo modelo económico no necesita del progreso. Es solo una red mundial de flujos de capital que juegan en el devenir especulativo de unos pocos, y que mediante el juego anárquico de la oferta y la demanda, se ponen en juego el futuro de las economías nacionales. Estas redes conectan y desconectan de forma selectiva individuos, grupos, regiones o incluso países según su importancia para cumplir las metas o los objetivos procesados en la red: generar rentabilidad. Quienes no son útiles para la red, son aislados, separados y desconectados. Este nuevo modelo no significa por otra parte, el fin del modo de producción industrial. Este sigue siendo significativo, principalmente como modo de alimentar las nuevas redes de capital. Sin embargo el nuevo modelo necesita para su mantenimiento el desregulamiento del mercado, la privatización, el desmantelamiento del contrato social entre el capital y la clase trabajadora, así como políticas de flexibilización laboral. Manuel Castells, un prestigioso sociólogo contemporáneo, dividió la historia mundial en tres etapas, según la relación que ha primado entre la cultura (o la sociedad) y la naturaleza. En una primera etapa se caracterizó el dominio de la naturaleza sobre la cultura, es decir, el hombre tratando de sobrevivir y dominar los afrentes del mundo natural en el que vivía. Muchos milenios pasaron hasta la época en el que la cultura y la sociedad pusieron fin al dominio natural, subordinándola de tal manera que pudo vencer sus extensas distancias, su elevada altura y hasta logró conocer el universo que lo rodea. Sin embargo el costo de esto no fue gratuito, y el desarrollo tecnológico y de conocimiento del hombre fue un arma de doble filo, que trajo aparejado incontables males para la sociedad, entre los cuales aparece un sistema económico que segrega, empobrece y no da esperanza de progreso, al menos para la mayor parte de la humanidad. Es necesario comenzar una tercera etapa, donde el hombre habiendo sobrevivido a la naturaleza y habiéndola dominado, ahora debe preocuparse por sobrevivir a su propia cultura, a su propia creación. Es el comienzo de una etapa puramente social, donde debemos salvarnos de nosotros mismos y crear un sistema en el que lo primordial no sea la búsqueda de rentabilidad financiera, sino las posibilidades de progreso económico, social, político y cultural para la humanidad en su totalidad. ¿Seremos capaces? Una política económica tomada por nuestros funcionarios y líderes políticos no debe entenderse como una acción que es parte de una práctica corregible. Las decisiones de gobierno son medidas que se concatenan a una serie de eslabones que nos hunden cada vez más hacia el fracaso o nos devuelven las esperanzas del progreso. Para el juego de la prueba y el error están disponibles sus propias empresas, no la economía de los países.

 

Debemos enmarcar los déficits de este sistema económico en los mismísimos males generados por el sistema mundial.


La encrucijada en la que se encuentra el gobierno es fatal, si el Banco Central bajara la tasa de interés, la compra de dólares y la fuga de capitales sería aún mayor.


 

Nunca podríamos comprender los fracasos económicos si no comprendemos cómo se organiza la nueva economía mundial.

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Matías Dassetto

Especial ABZ

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